Los salmos de perdón no se detienen en la culpa: la nombran con verdad y la llevan ante un Dios en quien hay perdón. Desde lo profundo se puede clamar, y esa es ya una oración.
Puedes rezarlos antes de confesarte, al examinar el día o cuando una falta antigua vuelve a pesar. Su movimiento es siempre el mismo: reconocer, entregar, recibir y recomenzar.
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Desde lo profundo, esperanza en el perdón de Dios
Salmo 130
Cuando la culpa se siente como un fondo del que no sales
“Pero en ti encontramos perdón, para que te honremos.”Salmo 130, 4
El De profundis clama desde lo hondo y descubre que hay perdón cerca de Dios. Es la puerta de entrada de esta oración.
Los dos grandes salmos de perdón son el 51, el Miserere, que pide «pon en mí un corazón limpio», y el 130, el De profundis, que clama desde lo profundo y confiesa que en Dios hay perdón. El Salmo 32 completa el camino con el alivio de la falta confesada.
¿Qué salmo rezo antes de confesarme?
Reza el Salmo 51 despacio: nombra la falta, pide el corazón limpio y el espíritu nuevo. Si te cuesta empezar, el Salmo 130 abre la oración desde lo profundo, y el Salmo 25 pide que Dios enseñe el camino que sigue al perdón.
¿Cómo pido perdón a Dios con un salmo?
Nombra primero aquello que reconoces, sin justificarlo. Lee el salmo elegido deteniéndote en las peticiones de misericordia, guarda un silencio y termina agradeciendo el perdón que Dios ofrece. Si eres católico, el salmo puede prepararte para el sacramento de la reconciliación.
Lo esencial
El perdón de Dios no se negocia con la culpa: se recibe. Nombra la falta sin rodeos, reza el salmo hasta el final y no te quedes en el reproche; en él hay perdón, y del perdón se sale caminando distinto. La confesión sacramental completa lo que el salmo comienza.