“En tus manos encomiendo mi espíritu”: la misma frase que Jesús repitió en la cruz abre, en este salmo, una oración de refugio para quien se siente atrapado.
24 versículosTambién Salmo 30Dios Habla Hoy
¿Qué es el Salmo 31 y cuándo se reza?
El Salmo 31 es una oración de refugio de alguien que se siente atrapado, olvidado y burlado, y que decide poner su vida en manos de Dios con la misma frase que Jesús repitió en la cruz. Pasa del miedo a la confianza sin que cambien las circunstancias. Rézalo cuando te sientas acorralado o dejado de lado.
Del maestro de coro. Salmo de David.
2Señor, en ti busco protección; ¡no me defraudes jamás! ¡Ponme a salvo, pues tú eres justo!
3Dígnate escucharme; ¡date prisa, líbrame ya! Sé tú mi roca protectora, ¡sé tú mi castillo de refugio y salvación!
4¡Tú eres mi roca y mi castillo! ¡Guíame y protégeme; haz honor a tu nombre!
5¡Sácame de la trampa que me han tendido, pues tú eres mi protector!
6En tus manos encomiendo mi espíritu; ¡rescátame, Señor, Dios de la verdad!
7Odio a los que adoran ídolos inútiles. He puesto mi confianza en el Señor.
8Tu amor me trae gozo y alegría. Tú has visto mis tristezas, conoces mis aflicciones;
9no me entregaste en manos del enemigo; ¡me hiciste poner pie en lugar seguro!
10Señor, ten compasión de mí, pues estoy en peligro. El dolor debilita mis ojos, mi cuerpo, ¡todo mi ser!
11¡El dolor y los lamentos acaban con los años de mi vida! La tristeza acaba con mis fuerzas; ¡mi cuerpo se está debilitando!
12Soy el hazmerreír de mis enemigos, objeto de burla de mis vecinos, horror de quienes me conocen. ¡Huyen de mí cuantos me ven en la calle!
13Me han olvidado por completo, como si ya estuviera muerto. Soy como un jarro hecho pedazos.
14Puedo oir que la gente cuchichea: Hay terror por todas partes. Como un solo hombre, hacen planes contra mí; ¡hacen planes para quitarme la vida!
15Pero yo, Señor, confío en ti; yo he dicho: ¡Tú eres mi Dios!
16Mi vida está en tus manos; ¡líbrame de mis enemigos, que me persiguen!
17Mira con bondad a este siervo tuyo, y sálvame, por tu amor.
18A ti clamo, Señor; ¡no me hundas en la vergüenza! ¡Hunde en la vergüenza a los malvados; húndelos en el silencio del sepulcro!
19Queden en silencio los labios mentirosos, que hablan con burla y desprecio, y ofenden al hombre honrado.
20¡Qué grande es tu bondad para aquellos que te honran! La guardas como un tesoro y, a la vista de los hombres, la repartes a quienes confían en ti.
21Con la protección de tu presencia los libras de los planes malvados del hombre; bajo tu techo los proteges de los insultos de sus enemigos.
22Bendito sea el Señor, que con su amor hizo grandes cosas por mí en momentos de angustia.
23En mi inquietud llegué a pensar que me habías echado de tu presencia; pero cuando te pedí ayuda, tú escuchaste mis gritos.
24Amen al Señor, todos sus fieles. El Señor cuida de los sinceros, pero a los altaneros les da con creces su merecido.
25Den ánimo y valor a sus corazones todos los que confían en el Señor.
¿Lo conoces en la Reina Valera? Aquí lees el mismo Salmo 31 en la traducción Dios Habla Hoy, edición católica: el mismo texto bíblico, con un lenguaje más cercano al español de hoy. La numeración de algunos versículos puede variar entre traducciones.
Explicación sencilla
¿Qué significa el Salmo 31?
El Salmo 31 empieza pidiendo refugio, llamando a Dios roca y castillo, y entregándole el propio espíritu antes de saber cómo terminará la historia. El salmista no disimula lo que siente: describe con crudeza el dolor que le debilita el cuerpo, la burla de sus vecinos y el olvido de quienes lo conocían, como un jarro hecho pedazos.
El giro no llega porque cambie la situación, sino por una decisión: yo, Señor, confío en ti. Desde ahí pide que Dios lo mire con bondad y silencie a quienes hablan con desprecio, y termina celebrando que la bondad de Dios se guarda como un tesoro para quienes confían en él. La misma frase con que abre el salmo, en tus manos encomiendo mi espíritu, es la que Jesús repitió al morir en la cruz.
Una duda frecuente
¿Es el Salmo 31 o el Salmo 30?
Es el mismo canto. La numeración hebrea lo presenta como Salmo 31; la tradición griega y latina lo numera como Salmo 30. Por eso algunas ediciones católicas muestran ambos números.
Lee el versículo 5 y nombra con honestidad la trampa o presión que hoy sientes.
Lee el versículo 6 despacio y entrega tu vida en las manos de Dios.
Lee los versículos 10 y 11 y reconoce ante Dios el cansancio que llevas encima.
Termina con el versículo 24, uniéndote al llamado a tomar ánimo junto a otros que confían.
Oración inspirada en el Salmo 31
En tus manos, Señor
Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu, como te lo entregó Jesús en la cruz. Tú ves la trampa en la que a veces me siento atrapado y el olvido de quienes creí que estarían cerca. No dejes que la vergüenza gobierne mi historia; mírame con bondad y renueva mi confianza, no porque todo se haya resuelto, sino porque decido ponerlo en tus manos. Da ánimo también a quienes hoy confían en ti sin ver todavía la respuesta. Amén.
Preguntas sobre este salmo
¿Cuándo puedo rezar el Salmo 31?
Al final del día o de la vida
El versículo 6, la misma frase de Jesús en la cruz, ayuda a entregar lo que no controlas.
Cuando te sientes olvidado por otros
El versículo 13 nombra ese olvido sin rodeos y lo convierte en oración, no en resentimiento.
Al necesitar renovar la confianza
El versículo 15 muestra que confiar es una decisión, no un sentimiento que hay que esperar.