Leer y rezar
Daily devotional
Leer junto
Buenos días, Señor. Antes de que se llenen de ruido mis pendientes, hago una pausa para recibir esta jornada contigo. Este martes primero de septiembre transcurre en el tiempo ordinario, con el verde sobrio de una feria. El salmo que la Iglesia reza hoy me recuerda tu bondad: te presenta compasivo y paciente, cercano al que cae y sostén del que vacila. Quiero empezar desde esa confianza, no desde mis fuerzas. No necesito un espacio especial ni mucho tiempo; este breve silencio puede ordenar lo que viene. Que esta mañana me encuentre atento a tu presencia antes de ocuparme de todo lo demás.
Al comenzar este día, la primera lectura, tomada de la carta a los corintios, me recuerda que tu Espíritu escudriña todo, hasta lo más hondo de Dios, y que a nosotros se nos ha dado ese mismo Espíritu para conocer lo que gratuitamente nos regalas. No es una sabiduría que se aprende memorizando fórmulas, sino un modo distinto de ver, el que la carta llama tener el pensamiento de Cristo. Quiero aprender esa mirada para escuchar tu voz con menos prisa y dejar que mis palabras, aunque sean pequeñas, nazcan de la cercanía contigo.
En el evangelio de hoy según san Lucas apareces en Cafarnaún, enseñando en la sinagoga durante el día de descanso. La gente queda asombrada, no porque repitas lo que otros dicen, sino porque tu palabra lleva una autoridad que no necesita apoyarse en nadie más. En medio de la enseñanza, un hombre atormentado por un espíritu impuro grita, y tú le ordenas callar y salir de él. Tu mandato basta y el hombre queda libre. Al contemplar esta escena, pienso que lo que asombró a los de Cafarnaún no era distancia ni superioridad, sino tu unión plena con el Padre. De esa cercanía brota la palabra que libera, y de ella puede nacer también la mía, aunque sea pequeña, cuando dejo a un lado mis prisas y te escucho primero. Yo también cargo cosas que me atan sin nombrarlas bien, voces internas de miedo o desánimo que se instalan como si tuvieran derecho a quedarse. Te pido que tu voz entre hoy en esos rincones con la misma autoridad serena y abra espacio para que actúes, sin que yo intente forzarlo todo.
La Iglesia recuerda hoy a san Josué. Le pido que interceda por las decisiones grandes y pequeñas que pondré delante de ti. Algunas me pedirán elegir entre la paciencia y la impaciencia, hablar o guardar silencio, insistir o soltar. Regálame una serenidad que no dependa de tener todas las variables resueltas. Enséñame a recibirla con confianza, sin seguir buscando una señal más convincente.
Recibe, Señor Jesús, este día que pongo en tus manos. Por la intercesión de san Josué, dame valentía serena para los pasos que hoy me tocan. Tú que hablas con autoridad y liberas con una sola palabra, entra en lo que me tiene atado y actúa sin que yo tenga que forzar nada. Concédeme un silencio verdadero, aunque sea breve, para escuchar tu voz y disponer mi corazón a lo tuyo. Dame tu Espíritu para reconocer tus dones en medio de este día ordinario, y una porción de esa sabiduría que no se impone sino que convence desde adentro. Cuando tenga que decidir algo entre hoy y mañana, conserva en mí una serenidad que no dependa de tenerlo todo claro y hazme dócil a tu guía aun cuando no aparezca una respuesta inmediata. Bendice a quienes me acompañan y a quienes me necesitan, y camina conmigo desde ahora hasta la noche. Amén.