Leer y rezar
Firme en la verdad, sostenido en la paz
Leer junto
Jesús, te saludo en esta mañana de sábado, veintinueve de agosto, cuando Colombia despierta todavía dentro del tiempo ordinario, aunque hoy el color de la Iglesia se tiña de rojo, signo del martirio de quien prefirió la fidelidad a tu verdad antes que el silencio. Antes de que la casa se llene de ruido y de tareas, quiero poner delante de ti lo que de verdad importa y dejar que tu presencia oriente mis primeros pasos. Que este silencio antes de salir sea también mi manera de prepararme para vivir hoy con la misma franqueza que hoy recuerda la Iglesia en uno de sus testigos.
Hoy la Iglesia venera el martirio de san Juan Bautista, aquel que preparó tu camino y señaló tu presencia en medio del pueblo. Juan no dejó de hablar con claridad ni siquiera cuando la verdad le costó la vida: denunció lo que estaba mal delante de quien tenía el poder de castigarlo, y ese poder, atrapado en una promesa hecha delante de otros durante una fiesta, terminó por quitarle la cabeza. Es curioso que a él la Iglesia lo recuerde dos veces en el año, por su nacimiento y por su muerte, como si quisiera decirnos que toda su vida, del principio al fin, estuvo entregada a anunciarte a ti.
La primera lectura de hoy recoge el llamado que Dios le hace a un profeta: que se ponga de pie, que hable sin dejarse llenar de miedo por los rostros poderosos que va a tener enfrente, porque el Señor mismo lo hará fuerte como una muralla. Pienso en cuántas veces prefiero medir mis palabras no por lo que es verdad, sino por lo que resulta cómodo o seguro decir. El salmo de hoy responde a ese llamado con una confianza serena: en ti busco refugio, tú eres mi roca desde que era joven y no dejarás de serlo cuando lleguen los años difíciles. Esa es la clase de raíz que sostuvo a Juan cuando ya no había forma de retroceder.
Y no quiero quedarme solo con la imagen de una valentía que exige sangre. Quiero pedirte también serenidad para permanecer fiel cuando las cosas no salgan como esperaba, y discernimiento para no confundir esa serenidad con la simple ausencia de conflicto. Juan enfrentó la muerte sin renunciar a la verdad; su testimonio me recuerda que una vida entregada a tu voluntad puede sostenerse incluso en la prueba, sin que yo tenga que buscar el sufrimiento para seguirte.
Jesús, en este sábado te pido la valentía de Juan para no acomodar la verdad a lo que resulte más fácil de decir o de escuchar. Dame palabras claras cuando me toque hablar y un corazón dispuesto cuando me toque callar y escuchar primero. Enséñame a buscar en ti el refugio del que habla el salmo de hoy, para no depender de que las circunstancias me den seguridad antes de confiar en ti. Concédeme una paz que me ayude a permanecer firme en medio de lo incierto y a recibir con humildad lo que no había elegido. Al comenzar este día, ordena mis decisiones y mis palabras según tu verdad, y que tu presencia sea mi guía en cada paso. Por la intercesión de san Juan Bautista, testigo fiel hasta el final, acompaña este sábado que hoy empiezo, y hazme capaz de reconocer tu presencia en cada hora que venga. Amén.