Oración del día

La oración del 25 de agosto

martes, 25 de agosto

Esta fue la oración de este día, con voz, para volver a rezarla con calma cuantas veces quieras.

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La justicia que nace del corazón

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Jesús, antes de que la casa despierte del todo y las tareas empiecen a llamar, quiero quedarme un momento callado, como quien busca un rincón vacío para respirar. Este martes veinticinco de agosto empieza en Colombia bajo el verde sencillo del tiempo ordinario, y la Iglesia recuerda hoy a san Luis, rey de Francia, y a san José de Calasanz. En este silencio, enséñame a volver la mirada hacia el Padre y a caminar con un corazón dispuesto. Que estos primeros minutos sean también mi desierto pequeño, el lugar donde te busco antes de salir a lo que este día me pida.

En estos días de decisiones, no busco una fórmula que resuelva todo de una vez. Quiero dejar que tu paz ordene mis motivos y me lleve a elegir desde la verdad, no desde la urgencia.

Pienso en san Luis, rey de Francia, cuya memoria acompaña hoy a la Iglesia. Subió al trono siendo apenas un niño, de doce años, y con el tiempo formó una familia numerosa, once hijos, a quienes procuró educar con esmero. Se dice de él que unía la oración y la penitencia con un cuidado especial por los pobres, y que en su manera de gobernar buscaba la paz entre las naciones y el bienestar de su gente, tanto material como espiritual. Impulsó dos expediciones para liberar el sepulcro de Cristo y murió lejos de su tierra, cerca de Túnez, en mil doscientos setenta. Su vida no me interesa hoy por los detalles de una historia lejana, sino por lo que sigue diciendo: que el poder y la oración pueden ir juntos, que la justicia hacia los demás nace de un corazón vuelto hacia Dios.

El evangelio de hoy según san Mateo muestra a Jesús señalando una contradicción: hay quienes cuidan cada detalle pequeño de la ley y descuidan lo que de verdad pesa, la justicia, la misericordia, la fidelidad. Habla también de lavar por fuera lo que por dentro sigue sucio. Es una imagen que me interpela esta mañana: cuánto de mi vida cuido en la superficie, y cuánto dejo sin ordenar en el corazón. El salmo de hoy proclama que el Señor gobierna a los pueblos con rectitud y que viene a regir la tierra con justicia y fidelidad, no una justicia fría, sino una que nace de quien ama de verdad a los suyos. Y la primera lectura, tomada de la carta a los Tesalonicenses, anima a mantenerse firmes, a sostener lo bueno que se ha recibido y a confiar en que Dios mismo consuela el corazón y fortalece cada palabra y cada obra buena.

Enséñame, Señor Jesús, a cuidar la verdad de mi corazón, no solo su apariencia. Ayúdame a atender lo esencial, la justicia, la compasión, la fidelidad, mientras atiendo los detalles pequeños de cada jornada. Llévame, como a ti mismo te gustaba retirarte, a un lugar de silencio donde pueda escucharte antes de que el día me arrastre. Hazme descansar en tu gobierno recto y fiel, y ayúdame a dar a cada decisión el tiempo que necesita. Por intercesión de san Luis, que unió el gobierno de un reino con la oración y el amor a los pobres, ayúdame a vivir hoy con las manos abiertas hacia quienes me rodean. Sostenme firme, como pide el apóstol, en lo bueno que he recibido, y consuela cualquier inquietud que traiga desde ahora. Quédate conmigo a lo largo de este martes veinticinco de agosto y guía mis pasos en cada tarea. Amén.