Oración del día

La oración del 24 de agosto

lunes, 24 de agosto

Esta fue la oración de este día, con voz, para volver a rezarla con calma cuantas veces quieras.

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La mirada de Jesús a Bartolomé

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Señor Jesús, la luz de este lunes veinticuatro de agosto apenas comienza a extenderse, y la fiesta de tu apóstol Bartolomé orienta mi oración. La Iglesia en Colombia la celebra con el color rojo, memoria de una vida entregada a seguirte. En el evangelio de hoy, Felipe anuncia a Bartolomé que ha encontrado al Mesías y lo lleva hasta ti. Tú le haces saber que ya lo conocías, y su sorpresa abre espacio para el encuentro. Que yo también pueda presentarme ante ti sin máscaras, tal como soy, y dejarme mirar por ti con la misma confianza con la que él recibió tu mirada.

Las lecturas de esta fiesta ponen delante de mí una esperanza grande. La primera lectura contempla una ciudad que desciende del cielo: sus murallas descansan sobre doce cimientos que llevan los nombres de los apóstoles. Al escuchar esta imagen, recuerdo que tu obra reúne a personas concretas y las sostiene en una misión que las supera. Bartolomé, nacido en Caná y conducido hasta ti por Felipe, aparece hoy como un testigo unido a esa comunidad apostólica.

El salmo alaba tu fidelidad y proclama que te acercas a quienes te llaman con sinceridad. Por eso no necesito adornar esta oración ni resolver desde ahora cuanto me espera. Puedo poner ante ti las decisiones de esta semana y confiar en que sabrás guiar mis pasos.

La tradición cuenta que, después de tu ascensión, Bartolomé anunció el Evangelio en la India y allí dio su vida como mártir. Su camino no me invita a buscar hazañas, sino a permanecer disponible para la tarea que tengo delante. Mientras la mañana avanza, regálame una serenidad profunda, capaz de sostenerme cuando no tenga todas las respuestas, y enséñame a distinguirla de la simple prisa por cerrar cada asunto.

También quiero recibir este silencio como un espacio fecundo. No estoy obligado a llenarlo de inmediato: puedo quedarme contigo y dejar que mi corazón se ordene antes de salir al encuentro de los demás.

Jesús, al contemplar hoy el testimonio de Bartolomé, despierta en mí una disponibilidad semejante a la suya. No permitas que mis dudas o mis planes incompletos me aparten de tu llamada; enséñame a responder con pasos fieles y concretos. Aparta de mí el ruido que me dispersa y concédeme, en estos primeros minutos, un corazón atento para buscarte. Cuando la semana traiga decisiones difíciles, regálame una serenidad que no dependa de tenerlo todo resuelto y ayúdame a reconocerla en lo sencillo. Que el recuerdo de quien anunció el Evangelio en la India y llegó al martirio me anime a vivir con valentía la tarea de hoy. Recíbeme en tu ciudad, donde los nombres de tus apóstoles permanecen unidos, y acompáñame durante este lunes, desde esta mañana hasta su término. Amén.