Oración del día

La oración del 22 de agosto

sábado, 22 de agosto

Esta fue la oración de este día, con voz, para volver a rezarla con calma cuantas veces quieras.

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La paz para reconocer el camino

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Aquí estoy, Señor, en esta mañana de sábado, veintidós de agosto, cuando la Iglesia en Colombia recuerda a la Virgen María bajo el título de Reina y viste de blanco en pleno tiempo ordinario. Vengo con una decisión que todavía no sé cómo tomar, dándole vueltas en la cabeza antes de que el día me arrastre con sus obligaciones. No busco que me digas ya la respuesta; busco algo más sencillo y más difícil a la vez: la paz que me permita reconocer el camino cuando lo vea. Antes de salir de esta casa, quiero quedarme un momento aquí, contigo, como quien se aparta un instante para que el ruido no decida por mí.

El evangelio de hoy, según san Mateo, me conduce por otro camino: no buscar los primeros puestos ni los títulos de honor, sino hacer de la grandeza un servicio. Tu enseñanza desmonta el deseo de sobresalir y me recuerda que quien sirve encuentra la verdadera medida de su vida. En las tareas y encuentros de este día, ayúdame a poner el bien de los demás por encima de mi afán de reconocimiento.

En la memoria de la bienaventurada Virgen María, Reina, contemplo una dignidad que permanece profundamente unida a su Hijo. Su realeza me habla de una grandeza que no se encierra en sí misma, sino que conduce hacia Cristo. María, enséñame a vivir con humildad y a poner mis dones al servicio del bien, sin buscar imponerme.

En el salmo de este día, la misericordia y la verdad se encuentran, y la justicia y la paz se besan. En esa armonía descubro que la paz no consiste en esquivar lo verdadero ni en llamar bueno a cualquier alivio. Regálame una serenidad que no dependa de mis cálculos y forma en mí un corazón capaz de recibirla. Que ella me disponga a vivir con verdad, justicia y misericordia.

En la visión del profeta Ezequiel, la gloria del Señor entra por la puerta que mira hacia el oriente y llena el templo. Esta escena me invita a darte el centro de mi jornada y a dejar que tu presencia ordene mis pasos. Así podré vivir con mayor libertad, sin que el ruido exterior ocupe todo mi interior.

Señor, recibe este comienzo de sábado y enséñame a caminar bajo tu mirada. Que la palabra de Jesús aparte de mí el afán de los primeros puestos y me incline al servicio humilde. Haz que tu presencia ocupe el centro de mi jornada y que la misericordia, la verdad, la justicia y la paz orienten mis pasos. Regálame una serenidad que no dependa de mis cálculos, y forma en mí un corazón capaz de acogerla sin confundirla con la simple comodidad. Cuando el ruido quiera imponerse, recuérdame que tu presencia puede ordenar mi interior y devolverme a lo esencial. Bienaventurada Virgen María, Reina, acompáñame con tu intercesión y ayúdame a permanecer cerca de tu Hijo con humildad. Que este día avance contigo, sin prisa ni deseo de imponerse. Amén.