Oración del día

La oración del 18 de agosto

martes, 18 de agosto

Esta fue la oración de este día, con voz, para volver a rezarla con calma cuantas veces quieras.

Leer y rezar

Paz para obedecer y discernir

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Martes dieciocho de agosto. Hoy la Iglesia celebra una feria del tiempo ordinario, con el color verde, y recuerda al beato Alberto Hurtado Cruchaga. En esta mañana que empieza, Señor, pongo ante ti las tareas y los encuentros que traerá el día. Tú conocías el valor de apartarte del ruido y volver el corazón al Padre; enséñame a hacer espacio para ti sin desentenderme de las personas ni de mis responsabilidades. Este momento no quiere ser una fuga, sino una decisión de mirarte antes de dejarme llevar por el ritmo de las horas. Hazme atento a tu presencia y a lo que quieras mostrarme en este martes que comienza.

Hay dos preguntas que pueden acompañar esta mañana: ¿quién podrá salvarse cuando mis fuerzas no alcanzan?, y ¿en qué estoy poniendo mi seguridad? El evangelio según san Mateo presenta a los discípulos desconcertados después de que el joven rico se marcha triste. Tú les dices que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el reino de los cielos. Ellos preguntan quién podrá salvarse. Tu respuesta reconoce el límite humano y abre la mirada a Dios, para quien todo es posible.

Pedro recuerda lo que ha dejado para seguirte. Tú hablas de una recompensa abundante y de la vida eterna, y adviertes que muchos que ahora parecen primeros terminarán siendo últimos. La primera lectura muestra a un gobernante que, apoyado en su riqueza y su sabiduría, se atribuye una grandeza que pertenece a Dios y termina enfrentando las consecuencias de su orgullo. El salmo me hace volver a la Roca que me dio la vida. No quiero que mis posesiones ni mis explicaciones ocupen el lugar que solo a ti corresponde.

Hoy también evoco al beato Alberto Hurtado Cruchaga y te presento mi jornada. No busco una tranquilidad que me permita permanecer igual. Concédeme una paz que me vuelva disponible para obedecer y reconocer tu guía cuando el camino no sea claro. Que mi confianza no dependa de tenerlo todo resuelto, sino de permanecer vuelto hacia ti.

Señor, forma en mí un corazón humilde, que no mida tu poder por mis recursos ni por lo que alcanzo a entender. Cuando aparezca ante mí una dificultad que parezca imposible, sostenme en la confianza y muéstrame el siguiente paso, sin prometerme que todo se resolverá según mis deseos. Dame una paz que me mantenga disponible para cambiar y seguirte con libertad.

En medio de las tareas, recuérdame reservar momentos para volver la atención hacia ti, sin abandonar las responsabilidades que me corresponden. Que las lecturas de hoy me ayuden a no olvidar a la Roca que me dio la vida y a reconocer el peligro de ponerme en el centro. Beato Alberto Hurtado Cruchaga, intercede por mí. Permanece conmigo durante este martes y guía mis decisiones. Amén.