Oración del día

La oración del 14 de agosto

viernes, 14 de agosto

Esta fue la oración de este día, con voz, para volver a rezarla con calma cuantas veces quieras.

Leer y rezar

Vigilia de la Asunción y san Maximiliano Kolbe

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Hoy es viernes catorce de agosto, y Colombia entra en la vigilia de una fiesta grande: mañana la Iglesia celebra la Asunción de la Virgen María, el día en que ella, cuerpo y alma, fue llevada junto a Dios. Ya desde esta víspera empezamos a mirar hacia esa promesa, sin soltar todavía este viernes concreto que tenemos entre manos. Y en este mismo día la Iglesia recuerda a un sacerdote llamado Maximiliano María Kolbe, un hombre que amó tanto a la Virgen que fundó un movimiento entero para propagar esa devoción, que llevó esa fe hasta el Japón como misionero, y que, de vuelta en su tierra natal, en medio del horror de un campo de concentración, entregó su propia vida para que otro hombre, un desconocido, pudiera seguir viviendo. Empezamos esta mañana con esas dos presencias cerca: la Madre que ya descansa junto a Dios, y el hijo que aprendió a amarla hasta dar la vida entera por un extraño. Que las dos te acompañen mientras el día comienza.

La primera lectura de hoy, tomada del libro de las Crónicas, cuenta un día de fiesta en Jerusalén: el rey David hace subir el arca de la alianza hasta la ciudad, entre cantos y ofrendas, para que tenga un lugar digno donde quedarse en medio del pueblo. Es la imagen de un pueblo entero preparándose para recibir la presencia de Dios en su casa. Y no es difícil ver ahí, sin decirlo con nombres, un anuncio de lo que mañana celebraremos: una mujer que llevó en su propio cuerpo esa misma presencia, y que ahora, según creemos, vive entera junto a Dios. El evangelio de hoy, según san Lucas, nos regala una escena breve y hermosa: en medio de la multitud, una mujer levanta la voz y bendice a la madre que llevó a Jesús en su vientre y lo alimentó. Es un gesto de admiración sincera. Pero Jesús no se queda ahí: responde que más bendito todavía es quien escucha la palabra de Dios y la guarda. No está corrigiendo a esa mujer, la está invitando a ir más lejos, a no quedarse admirando a María desde afuera, sino a hacer lo mismo que ella hizo: escuchar y obedecer. La segunda lectura, de la carta a los Corintios, habla de la muerte vencida, de esa victoria que ya no le pertenece al sepulcro sino a Dios. Y ahí aparece, sin necesidad de más palabras, la figura del padre Maximiliano Kolbe: un hombre que, puesto frente a la muerte de otro, decidió ponerse él mismo en su lugar. En ese gesto se asoma la misma victoria de la que habla la carta, la certeza de que el amor entregado no se pierde, aunque cueste la vida. Y hay algo más en su historia que vale la pena mirar hoy: en aquel encierro, rodeado de dolor y de miedo, su entrega puede recordarnos que la oscuridad no tiene por qué cerrar el corazón a Dios. Quizás hoy cargues una inquietud concreta y todavía no veas con claridad qué camino tomar. En algún momento del día, pídele a Dios que te conceda serenidad para avanzar, incluso cuando no tengas todas las respuestas, y confía en que sabrás acogerla.

Señor, en esta vigilia de la Asunción de tu Madre, quiero empezar el día mirando hacia ella: la que te llevó en su vientre, la que escuchó tu palabra y la guardó por encima de cualquier otra cosa. Dame ese mismo oído atento para reconocer tu voz en medio de lo que hoy me toque vivir. Te doy gracias porque la muerte no tiene la última palabra, y te pido que esa certeza sostenga mi confianza cuando algo me pese o me dé miedo. Por la intercesión de san Maximiliano María Kolbe, que entregó su vida entera por amor a otro, enséñame a no cerrarme sobre mí mismo cuando algo me exija salir de mi comodidad. Cuando necesite escoger un camino, dame claridad para reconocer el que me acerque a tu voluntad y fortaleza para seguirlo. Acompaña mis pasos durante este viernes, mientras me preparo con María para la fiesta de mañana. Amén.