Oración del día

La oración del 11 de agosto

martes, 11 de agosto

Esta fue la oración de este día, con voz, para volver a rezarla con calma cuantas veces quieras.

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Santa Clara: la certeza que sostiene después del temblor

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Hoy es martes once de agosto. En Colombia amanecemos removidos: la tierra tembló, y aunque el suelo ya esté quieto, muchos corazones todavía sienten el temblor por dentro. Antes de que el día te pida algo, quiero que te detengas aquí un momento, respires, y pongas esta jornada en manos de Dios. La Iglesia viste hoy de blanco para recordar a santa Clara, y ese blanco sereno, en medio de lo ordinario, puede ser también el color de esta mañana: la certeza de que existe una paz que no depende de que todo esté en calma, aunque lo que pasó siga presente. Empieza el día pensando en las personas que amas. En quién necesitas llamar hoy. En quién necesita saber que estás bien, o en quién tú necesitas saber que lo está. Que esta oración sea el primer paso para no atravesar sola o solo lo que se movió ayer.

Santa Clara nació en Asís hace muchos siglos y, siendo joven, decidió seguir el mismo camino de pobreza que había elegido Francisco, su paisano. Fundó una comunidad de mujeres, las clarisas, y vivió con una austeridad exigente, aunque su vida estuvo llena de caridad y de una piedad honda hasta el final de sus días. Lo que queda de su historia es sobre todo esto: lo poco que necesitó para sostenerse en pie, la certeza de que Dios bastaba. Esa misma certeza vale la pena pedirla hoy, después de un temblor que sacudió más que edificios.

El evangelio de hoy según san Mateo trae dos escenas que se alumbran entre sí. En la primera, Jesús pone a un niño en medio de los discípulos y les enseña que así hay que acercarse a Dios: pequeños, sin pretender sostenerse solos. En la segunda, habla de un pastor que deja todo el rebaño con tal de ir a buscar a la oveja que se apartó, porque no quiere que se pierda ni uno solo de los más pequeños. Después de un día como el de ayer, esa imagen pesa distinto: hay quienes hoy se sienten esa oveja alejada, asustada, lejos de su casa o de su gente, y hay quienes pueden salir a buscarla, a llamarla, a preguntarle cómo está. Tú puedes ser las dos cosas hoy: quien necesita que lo busquen, y quien sale a buscar.

La primera lectura, tomada del profeta Ezequiel, cuenta cómo Dios le entrega una palabra para que la haga propia, que la reciba por dentro antes de anunciarla. Y el salmo de hoy celebra esa misma palabra como algo más dulce que la miel, un gusto que se queda en la boca incluso en un día difícil. Esa palabra casi siempre llega a través de alguien: una llamada que preguntó cómo estabas, un mensaje, una familia que se reúne para contar quién ya avisó que está bien. Ninguna familia ha estado libre de pasar por momentos de dolor e incertidumbre, y lo que las sostiene es atravesar lo difícil sin soltarse de Dios ni soltarse entre ellos. Que hoy sea así también en tu casa, en tu grupo de amigos, en la gente con la que compartes la vida: que estos días duros sirvan para que se busquen más, se pregunten más, se cuiden más.

Señor Jesús, tú que también viviste dentro de una familia y conociste lo que es la incertidumbre y el dolor, acompaña hoy a la mía. Cuida a cada persona que quiero, a la que está cerca y a la que está lejos, a la que ya me avisó que está bien y a la que todavía no he podido llamar. Dame el valor de buscar a quien hoy se siente como esa oveja apartada de la que habla tu evangelio, con una llamada, con un mensaje, con una visita si es posible. Y dame también la humildad de dejarme buscar, de avisar que necesito compañía cuando la necesite, sin fingir que puedo con todo yo solo. Te pido, como santa Clara, que me baste tu presencia cuando falte lo demás, y que la certeza de que estás conmigo sea el suelo firme que no tiembla. María, madre mía, sé también hoy madre de mi familia entera: acompaña y cuida a los que amo dondequiera que estén, y bendice especialmente a quienes esta semana han sentido miedo. Que este día, aunque empiece removido, lo reciba de tu mano, y que a través de mis amigos, de mi familia y de tu palabra encuentre las fuerzas para seguir adelante. Amén.