Oración del día

La oración del 9 de agosto

domingo, 9 de agosto

Esta fue la oración de este día, con voz, para volver a rezarla con calma cuantas veces quieras.

Leer y rezar

Caminar sobre las aguas: la fe que tiembla y confía

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Este domingo nueve de agosto, la Iglesia en Colombia celebra el domingo diecinueve del tiempo ordinario, vestida de verde, ese color que acompaña el camino largo y sereno del año litúrgico. Al despertar, imagina una barca pequeña en medio de un lago oscuro, azotada por el viento, mientras la orilla queda lejos y las manos se cansan de remar. Así empieza el evangelio que hoy proclama la Iglesia según san Mateo, y así puede sentirse también un domingo cualquiera: con la sensación de estar remando contra corriente antes de que el día siquiera arranque. Pero en esa misma escena aparece una figura que camina sobre las aguas, y una voz que dice: no temas. Que esa certeza abra hoy tus ojos apenas despiertas.

Antes de acercarse a sus discípulos entre las olas, Jesús había subido solo a un monte a orar, dejando atrás a la multitud y también a los suyos. Se apartó primero, y solo después volvió a ellos en medio de la tormenta. La primera lectura de hoy recoge algo parecido: un profeta agotado se refugia en una cueva del monte, y no encuentra a Dios en el viento huracanado, ni en el temblor de la tierra, ni en el fuego, sino en un murmullo apenas perceptible, casi un silencio con voz. Quizá un momento sin interrupciones esta mañana te ayude a disponer el corazón y a escuchar con atención antes de entrar en las ocupaciones del día. Pedro, en el evangelio, se anima a caminar sobre el agua mientras mira a Jesús, y se hunde en cuanto mira el viento y se deja ganar por el miedo. Esa es una imagen honesta de la fe: una confianza que tambalea y aun así extiende la mano para ser sostenida. El salmo de hoy anuncia que el amor y la verdad se encuentran, que la paz y la justicia se besan, y que la gloria habitará en esta tierra para quienes temen a Dios. Y en la segunda lectura, un apóstol confiesa el dolor profundo que siente por su propio pueblo, un dolor que nace del amor. Hoy la Iglesia recuerda también al beato Rubén de Jesús López Aguilar, cuya memoria se une a la de este domingo. No hace falta conocer cada detalle de su historia para pedir, por su intercesión, la misma fe sencilla que sostuvo a Pedro sobre el agua, una fe que tiembla y aun así se atreve a extender la mano.

Señor, hoy vengo como quien va en la barca, sintiendo el viento en contra antes de haber avanzado mucho. Te pido una calma que no dependa de que yo entienda cada ola ni cada silencio, y que me permita permanecer en paz ante lo que no comprendo. Enséñame a distinguirla del ruido, a notar cuando es tu voz la que habla bajito en medio del murmullo del día. Dame también un momento de soledad verdadera, como el que buscabas tú mismo al subir al monte, para que mi jornada empiece escuchando antes que corriendo. Si el miedo me hace mirar el viento en vez de mirarte a ti, extiende tu mano como se la extendiste a Pedro, y sostenme mientras recupero el paso. Que la misericordia y la verdad de las que habla el salmo se encuentren también en mi día, y que la paz se vuelva algo real, algo que reconozca cuando toque mi puerta. Une mi oración a la de quienes, como el apóstol Pablo, cargan en el corazón el dolor por los suyos, y a la intercesión del beato Rubén de Jesús López Aguilar, para que la fe que hoy es pequeña se sostenga firme hasta la noche. Amén.