Leer y rezar
San Sixto II: Entregar la vida y confiar en la fidelidad de Dios
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Buenos días. Es viernes siete de agosto, y el color litúrgico de este día es el verde del tiempo ordinario, ese tramo largo del año en que Dios se deja encontrar en lo cotidiano, sin una fiesta grande que reclame toda tu atención. La mañana trae tareas y decisiones, pero no tienes que recibirlas todas de una vez. Deja que este instante oriente tu corazón hacia Dios y te recuerde que su presencia acompaña lo sencillo. En Jesús vemos que la cercanía con el Padre puede dar forma a lo que hacemos después; permite que esa certeza inspire tu manera de comenzar. Pon en sus manos las horas que vienen y deja que el día encuentre en ti un corazón disponible.
Hoy la Iglesia recuerda a san Sixto segundo y a sus compañeros mártires, junto con san Cayetano, presbítero. Sixto fue ordenado obispo de Roma, y al año siguiente, mientras presidía la liturgia en el cementerio de Calixto, los soldados del emperador Valeriano lo arrestaron en cumplimiento de su edicto y lo ejecutaron junto con cuatro de sus diáconos; recibió sepultura en ese mismo cementerio. Ese testimonio se enlaza con el evangelio de hoy según san Mateo: Jesús pide a sus discípulos negarse a sí mismos, cargar su cruz y caminar tras él, porque quien intente salvar su vida por sus propios medios la pierde, y quien la entregue por Jesús la encuentra de verdad. A Sixto la fe le pidió esa entrega en carne propia, en el momento mismo de la persecución; a ti, esta jornada, te puede pedir algo más pequeño: qué renuncia concreta te acerca hoy a Jesús. La primera lectura, del profeta Nahúm, describe la caída de una ciudad que había edificado su fuerza sobre la violencia y el saqueo, un poder que se derrumbó por no tener a Dios como cimiento. El salmo de hoy insiste en algo parecido: la vida y la muerte están en manos de Dios, y ningún poder humano se le compara. Vale la pena entonces empezar este viernes apoyando tus decisiones en la fidelidad de Dios, que no cede como ceden las seguridades humanas, y pedirle la paz que sostiene aun cuando tus planes cambian de rumbo. Que esa confianza acompañe las decisiones pequeñas que irás tomando hoy, para que el ajetreo no termine llevándote.
Señor, al comenzar este viernes te entrego mis planes y también mis resistencias. Enséñame a negarme a mí mismo sin volverme duro conmigo, a cargar lo que hoy me corresponda sin sentir que lo cargo solo. Regálame una paz más honda que mis explicaciones, capaz de sostenerme incluso en medio de mis ocupaciones. Que mi seguridad descanse en tu fidelidad y no en mis propias fuerzas, porque solo tú permaneces firme cuando todo lo demás cede. Por la intercesión de san Sixto y de los diáconos que murieron junto a él, y también por san Cayetano, dame un corazón dispuesto a entregarse sin miedo. Que este día que comienza te pertenezca desde el primer paso hasta el último. Amén.