Oración del día

La oración del 6 de agosto

jueves, 6 de agosto

Esta fue la oración de este día, con voz, para volver a rezarla con calma cuantas veces quieras.

Leer y rezar

Transfiguración del Señor: Aprender a Escuchar

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Antes de que el movimiento de este jueves seis de agosto ocupe tu atención, regálate un momento de quietud. La Iglesia entera se viste de blanco: celebramos la Transfiguración del Señor. En la montaña, Jesús dejó que tres de sus discípulos contemplaran por un instante la claridad de su gloria. Tal vez tu jornada también empieza así, en un rincón silencioso antes de que todo lo demás se ponga en marcha. No pases de largo por este momento a solas: puede ayudarte a presentarte ante Dios antes de salir.

¿Qué voz ocupa hoy el centro de tu atención? El evangelio de hoy según san Mateo lleva esa pregunta a la montaña. Jesús subió a un monte alto llevando solamente a tres de sus discípulos, aparte, lejos de los demás. Allí, ante ellos, su rostro brilló como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz. Se le aparecieron Moisés y Elías, conversando con él, y una nube los cubrió mientras una voz decía que ese era su Hijo amado y que había que escucharlo. Los discípulos, asustados, cayeron de rodillas, hasta que Jesús se acercó, los tocó y les dijo que se levantaran, que no tuvieran miedo.

Hoy la Iglesia recuerda también a santo Domingo. Su memoria, en este mismo día de la Transfiguración, se une a esa misma invitación: escuchar. Subir al monte una vez y bajar con el recuerdo de una experiencia hermosa no basta; hace falta aprender a reconocer, en la vida diaria, cuándo es la voz de Dios la que habla. Las lecturas de esta fiesta amplían esa llamada. La primera lectura de hoy, tomada del libro de Daniel, describe una visión semejante: un trono de fuego, una figura llena de majestad a quien se le entrega un dominio que no pasa. El salmo de este día proclama que el Señor reina y que los cielos mismos anuncian su justicia.

La segunda lectura recuerda que quienes estuvieron en ese monte vieron con sus propios ojos la majestad de Cristo, confirmada como una luz que alumbra en medio de la oscuridad. Esa luz que contemplaron los discípulos no se quedó en la montaña: también puede orientar tus decisiones cotidianas. Por eso la fe pide permanecer cerca de Jesús cuando no haya claridad y mantener el oído atento a su palabra.

Señor, pongo ante ti todo lo que hoy ocupa mi atención. Cuando el ruido me disperse, hazme volver a tu presencia y enséñame a escuchar tu voz con un corazón despierto.

Que la luz que tus discípulos contemplaron en la montaña me ayude a caminar sin miedo. Cuando no comprenda lo que vivo, regálame serenidad para atravesar mis tareas sin perder de vista tu presencia.

Por la intercesión de santo Domingo, dame un corazón dispuesto a escuchar. Que esta jornada que comienza no transcurra sorda a tu presencia, sino atenta, como los discípulos que aprendieron a levantarse sin miedo después de haberte visto en tu gloria. Permanece cerca de mí en cada paso. Amén.