Oración del día

La oración del 5 de agosto

miércoles, 5 de agosto

Esta fue la oración de este día, con voz, para volver a rezarla con calma cuantas veces quieras.

Leer y rezar

La dedicación de la Basílica de Santa María

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Hoy la Iglesia celebra la dedicación de la Basílica de Santa María, y su nombre acompaña esta mañana de miércoles. Es una celebración sencilla, sin grandes anuncios, como un techo callado sobre la jornada. El silencio de esta primera hora puede abrirte un espacio antes de salir a tus tareas. En la vida de Jesús hubo momentos en que el silencio le abría un espacio de encuentro con el Padre. Permite que este rato no sea una pausa vacía, sino una manera de comenzar el día con Dios.

El evangelio de hoy según san Mateo cuenta la historia de una mujer extranjera que se acerca a Jesús pidiendo por su hija enferma. Al principio parece que no va a recibir respuesta: el silencio inicial, después una frase dura sobre el pan que no le corresponde. Ella se queda, insiste, y responde con una humildad tan honesta que termina desarmando la distancia: hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa. Jesús se admira de su fe y le concede lo que pide. Esa escena puede iluminar tu propia oración esta mañana, sobre todo si sientes que lo que llevas pidiendo hace tiempo no encuentra todavía respuesta: Jesús alaba precisamente la fe que se queda e insiste con humildad, aunque la respuesta tarde.

La primera lectura de hoy, tomada del profeta Jeremías, anuncia una restauración llena de alegría: Dios promete reconstruir a su pueblo, que volverá a plantar viñas en los cerros de Samaria y a danzar con panderetas, mientras los centinelas llaman a subir juntos hacia Sión. Es una promesa para gente cansada, que necesita volver a creer que la alegría es posible después de la pérdida. Si hoy llevas algo parecido, una espera larga, una puerta que no termina de abrirse, puedes leer tu situación con esa misma esperanza de reconstrucción.

Entre esas dos escenas aparece, casi sin decir nada, la fe de María, a quien esta basílica recuerda hoy. Ella no necesitó insistir con argumentos: le bastó decir que sí y sostener ese sí incluso cuando no entendía del todo lo que se le pedía. Su ejemplo se acerca al de la mujer del evangelio: ambas confían antes de tener toda la claridad. Esa es la fe que puedes pedir para este día: la confianza de quedarte ahí, presentando lo que te preocupa, aunque la respuesta tarde.

Pon en mí una paz que no dependa de entenderlo todo, y enséñame a percibirla cuando se haga presente, aunque llegue de una manera distinta a la que imagino.

Tú sabes reunir a los dispersos; junta también lo que en mí se divide entre preocupaciones y distracciones. Guíame por un camino llano, aunque todavía no alcance a ver el trayecto completo.

Por la confianza de Santa María, enséñame a sostener un sí humilde cuando no tenga toda la claridad que quisiera. Que permanezca ante ti con lo que me preocupa, sin apartarme porque la respuesta tarde.

Como la mujer del evangelio, quiero seguir presentándote mi súplica. Dame perseverancia cuando parezca que guardas silencio y recibe lo que hoy pongo en tus manos. Quédate conmigo durante esta jornada. Amén.