Oración del día

La oración del 4 de agosto

martes, 4 de agosto

Esta fue la oración de este día, con voz, para volver a rezarla con calma cuantas veces quieras.

Leer y rezar

Lo que sale del corazón - san Juan María Vianney

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Buenos días. Comienza un martes que por fuera puede parecerse a cualquier otro, aunque no lo es. La Iglesia recuerda hoy a san Juan María Vianney, un sacerdote al que nada le llegó fácil: le costó años poder ordenarse, y terminó como párroco de un pueblo pequeño llamado Ars, desde donde, con su predicación, su vida de oración y penitencia y su caridad concreta, fue renovando la fe de su gente. Antes de que tu día se llene de tareas, palabras y decisiones, vale la pena detenerte un instante y dejar que este momento de silencio sea el primer gesto de oración de la mañana.

El evangelio de hoy según san Mateo presenta una discusión que a primera vista suena antigua, sobre las costumbres heredadas y el modo correcto de lavarse las manos antes de comer. Pero detrás de esa discusión hay una pregunta que nos toca directamente esta mañana: ¿dónde nace realmente lo que hacemos y lo que decimos? Jesús explica que no es lo que entra por fuera lo que hace daño a la persona, sino lo que sale de adentro. Podemos cuidar apariencias, repetir gestos y costumbres, y aun así tener el corazón lejos de Dios.

Esta llamada a la sinceridad ilumina también la memoria de san Juan María Vianney. Lo que distinguía su servicio en Ars era la hondura con la que atendía a cada persona que se acercaba a confesarse; por eso llegaban a buscar su consejo desde muchos lugares. Ese mismo cuidado por lo interior es lo que el evangelio de hoy te invita a practicar contigo mismo esta mañana, mirando con honestidad lo que hay debajo de lo que muestras por fuera.

El ejemplo de Jesús abre otra perspectiva para esta mañana: apartarse por un momento del ruido puede disponer el corazón para escuchar al Padre. Si hoy tienes un espacio de silencio, úsalo para presentarte ante Dios antes de atender las demás voces que te esperan.

Si te detienes unos minutos antes de salir a tus obligaciones, quizás no encuentres respuestas inmediatas a lo que tienes que decidir hoy. Puedes, en cambio, pedir una paz que sostenga tu corazón mientras esperas; una paz que no depende de que ya sepas resolver cada asunto pendiente, y que puede hacerse presente de manera discreta, acompañándote en medio del día, sin ruido ni anuncios grandes.

La primera lectura de hoy, tomada del profeta Jeremías, habla de una herida que parecía incurable y de una promesa de sanación que solo Dios puede cumplir. El pueblo había merecido el reproche, y aun así la palabra de Dios termina prometiendo restaurar lo que estaba roto. Así también puedes mirar tu propio corazón esta mañana: ofrécele a Dios exactamente lo que encuentres ahí, confiado en que él sabe sanar lo que nosotros solos no logramos reparar.

Señor, al comenzar este martes quiero detenerme un momento para encontrarme contigo antes de salir al encuentro de todo lo demás.

Mira mi corazón tal como está hoy, sin que yo intente arreglarlo por fuera para presentarte solamente lo que se ve bien. Muéstrame si hay algo en mí que necesita ser sanado, confiado en que tu palabra, como se lo prometiste a tu pueblo, quiere restaurar lo que en mí está herido.

Regálame serenidad para atravesar este día y ayúdame a acogerla cuando aparezca, aunque todavía no resuelva cada asunto pendiente. Que sea una paz verdadera, la tuya, y no apenas una calma pasajera.

Enséñame a buscar momentos de silencio como este: el lugar donde te encuentro primero a ti, antes que a cualquier otra voz. Que las palabras que diga hoy y las decisiones que tome nazcan de un corazón que ha estado, aunque sea brevemente, contigo.

Por intercesión de san Juan María Vianney, dame perseverancia para orar incluso en los días ocupados, y un corazón sincero que no tema mirar hacia adentro.

Acompáñame en este martes, Señor, desde esta primera hora hasta la noche. Amén.