Oración del día

La oración del 30 de julio

jueves, 30 de julio

Esta fue la oración de este día, con voz, para volver a rezarla con calma cuantas veces quieras.

Leer y rezar

Que tus palabras nazcan del bien

Escuchar la oración
0:004:49

Leer junto

Hay palabras que cambian el ambiente de una casa. Basta una frase dicha con impaciencia para que la mesa quede en silencio; pero también basta una palabra de ánimo, una disculpa sincera o un “cuente conmigo” para que alguien vuelva a respirar con un poco más de calma.

Las palabras parecen pequeñas porque desaparecen apenas las pronunciamos. Sin embargo, permanecen en quien las recibe. Algunas acompañan durante años. Otras dejan heridas que nadie ve. Por eso hablar no es simplemente llenar el silencio: es poner algo de nuestro corazón en las manos de otra persona.

Hoy la Iglesia recuerda a san Pedro Crisólogo, obispo y doctor de la Iglesia. El nombre por el que llegó a ser conocido significa “palabra de oro”, no porque hablara de manera complicada, sino porque supo comunicar el Evangelio con claridad, brevedad y profundidad. Comprendió que una palabra puede conducir a alguien hacia Dios cuando nace de una vida que primero se ha dejado tocar por él.

Las lecturas de hoy presentan dos imágenes poderosas. El profeta Jeremías contempla al alfarero que trabaja el barro y vuelve a empezar cuando la vasija no sale como esperaba. En el Evangelio, Jesús habla de una red que recoge peces de toda clase. Ambas imágenes recuerdan que Dios sigue trabajando en nosotros y que, poco a poco, nuestras decisiones van mostrando aquello que hemos permitido crecer en el corazón.

San Pedro Crisólogo comprendió que también las palabras forman parte de ese trabajo interior. Lo que decimos puede ayudar a moldear una vida o puede lastimarla; puede acercar a alguien a Dios o aumentar su carga. Antes de preocuparnos por encontrar las palabras perfectas, conviene preguntarnos qué está formando hoy el Señor dentro de nosotros.

Antes de que el día avance, vale la pena preguntarte: ¿qué está llenando hoy tu corazón?

Tal vez amaneciste preocupado por una cuenta pendiente, por una conversación que has evitado o por algo que no salió como esperabas. Tal vez llevas varios días respondiendo con dureza sin darte cuenta, no porque quieras herir a nadie, sino porque tú también estás agotado. El Señor no te juzga por sentirte así. Te invita a no dejar que ese cansancio sea quien hable por ti.

No todas las palabras que pensamos deben ser pronunciadas. A veces amar significa guardar silencio hasta recuperar la calma. Otras veces significa decir lo que cuesta: “perdóname”, “gracias”, “me equivoqué”, “te necesito” o “estoy aquí”. La fe también se vive en esas frases sencillas que no aparecen en grandes discursos, pero sostienen la vida cotidiana.

En Colombia sabemos cuánto puede significar una palabra cercana. Un “Dios le pague”, un “que le vaya bien”, un “¿ya comió?” o un “me avisa cuando llegue” pueden parecer expresiones comunes, pero llevan dentro cuidado, compañía y afecto. Son maneras pequeñas de decirle al otro que su vida nos importa.

Hoy, entonces, el propósito es concreto: antes de hablar, haz una pausa breve. Pregúntate si lo que vas a decir ayudará, corregirá con amor o traerá un poco de paz. Y busca también a alguien que necesite escuchar una palabra buena. Puede ser una persona de tu familia, un compañero de trabajo o alguien que lleva días esperando una respuesta tuya.

San Pedro Crisólogo nos recuerda que no hacen falta muchas palabras para acercar a alguien a Dios. Hace falta que sean verdaderas, que nazcan de un corazón dispuesto al bien y que estén acompañadas por la manera como vivimos.

Señor, pon hoy tu bondad en mi corazón para que también aparezca en mis palabras. Dame prudencia para callar cuando pueda herir, humildad para pedir perdón y valentía para decir aquello que puede consolar. Por intercesión de san Pedro Crisólogo, enséñame a hablar con claridad, sencillez y amor. Que quien me escuche encuentre en mí no más ruido, sino un pequeño reflejo de tu presencia. Amén.